Mente, felicidad y realidad

8 feb

Puesto que vivir felizmente es uno de los objetivos que más deseamos los seres humanos, hemos de plantearnos el modo de cómo conseguirlo. Así, para ser felices podemos seguir dos estrategias, disminuir las experiencias de infelicidad e incrementar las que la generan. En pocas palabras, podríamos transformarnos en “constructores de felicidad”

La felicidad es una experiencia humana a la que aspiramos todos los seres, pero el asunto es darse cuenta de cómo construimos cada uno dicha experiencia de la felicidad. Decía el sabio Epícteto que los seres humanos no vivimos directamente en el mundo sino en la construcción que cada uno hacemos de él. A dicha construcción la llamamos realidad, y constituye nuestra experiencia personal acerca de las cosas. 

Por otro lado, como dice el gran científico chileno Umberto Maturana: “La vida es un proceso de conocimiento”. Y el conocimiento más deseado y deseable es aquel que nos proporciona una felicidad duradera y permite que nuestra vida sea significativa y fructífera, tanto para nosotros como  para los demás. Llegar a lograr esto es, sin lugar a dudas, una de las mejores metas que podríamos proponernos.

Entre las muchas dificultades con las que nos encontramos en la búsqueda de la felicidad, una de las principales consiste en que confundimos dicha realidad con la experiencia personal que cada uno tiene del mundo y de los acontecimientos que le suceden.

Tal vez debiéramos comenzar a plantearnos varias preguntas fundamentales, tales cómo ¿qué es la realidad?,  ¿cómo puedo acceder a ella?  y ¿de qué forma construyo mis experiencias?

Creo que conviene comenzar por la primera de ellas, ¿qué es la realidad? Curiosamente cuando efectuamos dicha pregunta la mayoría de las personas que la escuchan ponen una cara extraña y sonríen como queriendo decir “pues está clarísimo, no sé porqué preguntas esas tonterías; esta mesa es real y un fantasma no lo es”.

Bien, aparentemente podríamos estar de acuerdo con esa respuesta, pero sólo aparentemente. Para llegar a comprensiones más completas acerca del asunto, es necesario plantearse ciertas consideraciones.

La primera de ellas tendría que ver con los órganos de los sentidos. Estamos tan acostumbrados a percibir el mundo a través de nuestros sentidos que llegamos a creer que aquello que se percibe constituye lo que llamamos mundo real.  Desde este punto de vista, la realidad se equipara con lo sensorialmente percibido.

Sin embargo olvidamos las enormes limitaciones que nuestros órganos de recepción sensorial poseen. Y dejamos de tener en cuenta, también, que más allá de nuestras capacidades sensoriales existe una porción de universo que ni siquiera seríamos capaces de imaginar. A poco que consideremos estas cuestiones, la solidez de nuestra noción acerca de la realidad empieza a desmoronarse.

En cualquier persona sus sentidos están continuamente informando acerca de lo que ocurre en el mundo y esa información es recogida y procesada en el cerebro, el cual se encargará de elaborar una respuesta apropiada a dichos estímulos.

Nos refiramos al órgano que sea, parece evidente que por muy bien que funcione y muy desarrollado que esté, no es capaz de captar más que un pequeño fragmento de toda una amplísima variedad de estímulos que llegan hasta él. Es decir, para cada gama de estímulos existe un umbral por encima o por debajo del cual nuestros órganos sensoriales no registran la información.

Eso significa que existe una gran porción de la realidad ante la que estamos incapacitados para percibir, a menos que dispongamos de los aparatos apropiados, que en estos casos suplen o ayudan a los órganos de los sentidos, como por ejemplo un microscopio.

Además de lo anterior, sabemos también que no tenemos sentidos especializados para recoger información sobre muchos de los estímulos existentes en el mundo, como ciertos tipos de ondas o radiaciones que podemos detectar gracias a los aparatos correspondientes. Antes de la invención de estos artilugios dichas informaciones estaban ahí pero se encontraban más allá de lo que podíamos percibir como realidad.

De una manera sencilla podemos decir que un órgano sensorial es un sofisticado sistema de “transducción”, lo cual quiere es decir que es capaz de cambiar un tipo de energía recibida, los estímulos sensoriales (físicos o químicos) en otra codificación diferente, los impulsos nerviosos.

La experiencia sensorial, por tanto, puede definirse como un proceso de captación e interpretación de informaciones diversas.

Para captar una información se hace necesario el manejo de una serie de signos y símbolos. Es por ello que cuando decimos que a través de los sentidos creemos que captamos la realidad, lo que verdaderamente estamos haciendo es interpretar un conjunto de signos y símbolos que la representan. Por tanto, cuando pensamos que conocemos un objeto, en realidad lo que estamos queriendo decir es que estamos elaborando toda una serie de suposiciones, presuposiciones e implicaciones tomando como base la interpretación simbólica que captamos de dicho objeto.

Al proceso consistente en trabajar con signos y símbolos se le conoce con el nombre de computación. Por tanto, lo que nuestro cerebro hace es computar de determinadas maneras las informaciones que le llegan para poder obtener respuestas adecuadas en orden al mantenimiento de la vida del sujeto y del mejor funcionamiento en el mundo.

Pero demos un paso más. Una vez captada por parte de nuestros sentidos la información sensorial que sea, ésta es enviada al cerebro donde se INTERPRETA y se conecta con nuestras experiencias previas de tal manera que, literalmente, CONSTRUIMOS una interpretación acerca de lo que está pasando ahí fuera.

Hoy día existen numerosos experimentos en psicofisiología que nos demuestran que la captación sensorial es un fenómeno activo en el que necesitamos un cierto nivel de discriminación y la necesidad de patrones previos que puedan ser reconocidos. De tal manera que podríamos concluir que más que captar la realidad, lo que habitualmente hacemos es construirla a nuestro modo, hacemos una especie de CO-CREACIÓN de dicha realidad.

Este hecho, que tiene sus ventajas en cierto sentido, tiene también sus limitaciones en otros. Y eso es debido a que, en general, realizamos una  manipulación y deformación de los datos sensoriales. Bastará una atenta conversación entre dos personas para que nos demos cuanta de que cada uno de ellos “oyen y ven” aquello que quieren, más que aquello otro que objetivamente se dice.

Los datos sensoriales son interpretados en función de unos patrones previos. Aquello que está fuera de ese patrón quedará deformado o mudo. Así que sería interesante preguntarte acerca de cuál es el programa de interpretación de la realidad que frecuentemente utilizamos. También podríamos empezar a considerar atender aquella información sensorial que habitualmente queda fuera de nuestro procesamiento.

Cuando comenzamos a flexibilizar el uso de los diferentes programas o patrones previos,  mejorando y aumentando dichos patrones, decimos que estamos abriéndonos a la realidad y sucede una transformación en el sujeto, de tal modo que experimentamos la curiosa sensación de que siendo los mismos comenzamos a sentirnos diferentes. Esto es una paradoja existencial.

Estos programas por los que llegamos a interpretar los datos sensoriales, en el ser humano, son fruto del aprendizaje. Es por ello que encontramos una limitación para captar la realidad que no proviene meramente de la limitación biológica de los sentidos, sino que provendrá de la limitación cultural, en relación al lugar en el que hemos aprendido nuestros patrones de reconocimiento de la información sensorial.

Evidentemente, podemos decir que en una misma cultura existe un cierto “mundo compartido”, una especie de zona común en la que existen conceptos e ideas que, la mayor parte de las veces de forma no conscientes, conforman un determinado paradigma en cada cultura. Esto sucede porque hemos internalizado patrones semejantes de reconocimiento y de procesamiento de  la información, que hemos asumido como ciertos, sean o no verdad. Por ejemplo, muchas personas creyeron durante siglos que la tierra era plana, sin cuestionarse la validez o no de dicha afirmación.

Esta zona común compartida es la base que sustenta el espejismo de creer que todos percibimos la realidad de la misma forma y que la diferencia estriba, solamente, en nuestras distintas opiniones al respecto.

Desde las más antiguas tradiciones espirituales, y hoy la ciencia moderna lo avala, sabemos que la felicidad es un estado de la mente. Y también sabemos que, de alguna manera, nuestra mente crea la realidad que experimentamos.

Por tanto, ¿no sería apropiado empeñar nuestro esfuerzo en adiestrar la mente para crear una realidad en la que los seres humanos pudiésemos alcanzar esa felicidad que tanto deseamos? He aquí el reto.

Hoy es el tiempo y aquí el lugar de emprender la tarea.

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Editorial Febrero 2012

6 feb

Comienza febrero, segundo mes del calendario, como quien dice pleno invierno, y un mes al que tradicionalmente se le ha atribuido el calificativo de “febrerillo el loco”, sobre todo por los cambios bruscos de tiempo y esa especie de alternancia entre días casi primaverales con otros de frío invernal.

 Pero he comenzado este mes con una cierta inquietud que me viene desde mediados de enero. Después de que el FBI se haya apropiado indebidamente de algunos de mis archivos (espero que disfruten leyéndolos y que alguno pueda aprender algo útil para su vida), los cuales había subido a Megaupload para que cualquier persona que quisiese lo pudiera compartir a través de mi página web (en la que se pueden ver los enlaces), no sé si cualquier día “los defensores del bien” bloquearán esta página por subversiva, ya que una de las finalidades tanto de los editoriales como de los artículos que escribo es hacernos más conscientes y ayudarnos a profundizar en el autoconocimiento. Y, en vista de por dónde van los acontecimientos en este sentido, no sé cuánto tiempo tardará en ser considerado esto como una actividad peligrosa, ya que ayudar a pensar a los ciudadanos parece altamente peligroso para el sistema. Pero por el momento seguiré escribiendo.

 Si a esto le sumamos algunas de las noticias nacionales que en el pasado mes más han calado en la sociedad, como es el caso de la sentencia del juicio por el asesinato de Marta del Castillo, llega uno a la conclusión de que algo no funciona cuando se persigue y se proponen mayores condenas por descargar películas (piden 50 años) que por violar, matar y ocultar el cadáver de alguien (20 años). Ya sé que son países distintos y legislaciones diferentes, pero no deja de resultar llamativo, ¿no?

 Una de las cosas curiosas de vivir en un  mundo globalizado y con los actuales medios de comunicación, es que te llegan al instante todo tipo de noticias que se produzcan en cualquier lugar del mundo, aunque sea en el otro lado del planeta, y dicha cantidad ingente de información te permite comparar, reflexionar y sacar tus propias conclusiones, cosa que, como dije anteriormente, puede resultarle inquietante a ciertos estamentos de poder.

 Volviendo a lo que nos ocupa, parece que este año el invierno está siendo más cálido y seco que lo que cabría esperar en las fechas en las que estamos, lo cual puede ser agradable en ciertos aspectos, pero  por otro lado comienzan a acrecentarse las preocupaciones respecto a una posible futura sequía, caso de seguir el clima como hasta ahora. Tal vez por esto habría que pedirle a febrero que fuese lo suficientemente “loco” como para que nos traiga las vivificantes lluvias que muchos esperan para el campo y para los pantanos que nos abastecen.

Y es que cada estación ha de tener lo suyo, frío cuando tiene que hacer frío y calor cuando tiene que hacer calor, y en esa ritmicidad se basa la armonía del conjunto de las estaciones y del cosmos en general. Todo en la naturaleza es rítmico y cíclico, y gracias a la perfecta armonía entre todos esos ciclos se consigue un estado de equilibrio dinámico que es parte de la esencia de la trama de la vida.

Los seres humanos participamos también de esa ritmicidad del universo, de tal manera que nuestra salud depende mucho de que nuestros ritmos biológicos, psíquicos y energéticos funcionen de manera adecuada. Las secreciones hormonales ascienden en ciertos momentos del día y decrecen en otros, lo cual ha de coincidir con la mayor o menor actividad del sujeto. El mantenimiento de los ritmos adecuados es sinónimo de salud mientras que la pérdida de dichos ritmos nos conduce a la enfermedad.  Esto último se hace evidente en los sujetos que padecen secuelas debido a un estrés prolongado. Muchos de ellos describen que se sienten adormecidos, cansados y sin impulso durante el día mientras que por la noche tienen dificultad en conciliar y mantener el sueño.

Es febrero, como todos los meses invernales, un mes propicio para la reflexión y las actividades de tipo meditativo. Habría que señalar que cualquier mes es bueno para meditar, pero en general los meses invernales nos invitan más a la introspección que aquellos otros más calurosos.  Pero febrero no sólo es puro frío invernal sino que es, también, preludio de primavera y encierra en él la semilla de la transformación que irá gestándose hasta eclosionar el próximo mes.

Por otro lado, la falta de lluvia y la presencia de altas presiones debida a los anticiclones, hacen que las partículas en suspensión debido a la contaminación en las grandes ciudades aumenten, con lo cual se incrementa también el riesgo de padecer ciertas patologías respiratorias, sobre todo en las personas mayores. Por eso, a pesar de las buenas temperaturas de las que hasta ahora hemos disfrutado, es conveniente no bajar la guardia y no olvidar el cuidado de nuestras defensas, para tratar de prevenir sobre todo la aparición de ciertas enfermedades respiratorias.

 Están siendo este año bastante frecuente los problemas de garganta, con molestias, tos y cierta disfonía (pérdida de voz), muchas veces debido a los constantes cambios de temperatura a los que nos encontramos expuestos. Entramos a una tienda o a cualquier recinto en el que haya calefacción y al salir a la calle bruscamente bajamos diez o quince grados. Esto obviamente perjudica a nuestras mucosas, sobre todo las respiratorias.

 Existen numerosos remedios caseros para tratar lo anterior. Mi madre me enseñó la utilidad de las infusiones de orégano, la cuales utilicé mucho en mi adolescencia. También van muy  bien para estos trastornos las infusiones y jarabes de flor de saúco, aunque, tal vez, mi favorito para estos problemas de garganta y para los catarros sea el jarabe casero de zanahoria.

 Es sencillo y fácil de preparar y, salvo los diabéticos y las personas que no toleren la miel, lo puede tomar cualquiera. Se fabrica cortando zanahoria en rodajas que se depositan en un bol, y se añade miel suficiente hasta cubrirla totalmente. Se deja reposar unas horas hasta que aparezca un sobrenadante líquido, el cual se va tomando a cucharaditas a lo largo del día, hasta mejorar. Llega un momento en el que la mezcla antigua ya no produce más líquido, entonces es el momento apropiado para preparar otra de nuevo.

 No obstante espero que no tengáis que utilizarlo y que febrero, además de lluvia nos traiga salud y alegría para seguir disfrutando de lo que la vida nos aporta en cada momento.

 Feliz Febrero.

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Editorial enero 2012

2 ene

Cada uno de enero se inaugura un nuevo ciclo anual en el que decimos adiós al año que concluye y proyectamos todas nuestras expectativas e ilusiones en este nuevo año que acaba de comenzar y sobre el que solemos expresar nuestros mejores deseos de paz y felicidad.

No obstante, siempre hay a quienes les cuesta despedir al año anterior, tal vez por esa tendencia tan extendida de no querer desprenderse del pasado. Este hábito, aplicado a ciertos aspectos de la vida, nos traerá más problemas que alegrías.

Sea como fuere, dos mil doce ya está aquí con todo un potencial de posibilidades dispuestas a hacerse realidad. La incertidumbre inicial de preguntarse cómo será este nuevo año, inevitablemente se irá despejando conforme el calendario desgrane los meses que nos quedan por venir. Como otros años, unas veces sucederán acontecimientos que nos agraden, otras, en cambio, nos pondrán a prueba en el dolor y, tal vez, en la pérdida. De todas ellas podemos aprender y de todas ellas podemos obtener la energía suficiente como para seguir avanzando en nuestro camino, y haciendo que podamos ser más fuertes al final del año que cuando lo comenzamos.

Buenas intenciones, proyectos, ilusiones, deseos de realizar lo que en dos mil once no hemos podido cumplir, y muchas cosas más, son los principales propósitos que la mayoría de las personas nos proponemos en estas fechas, y está bien que así sea. La posibilidad de transformar estas intenciones en realidad dependerán, sobre todo, del esfuerzo y la energía que cada cual ponga en llevarlas a acabo.  

Este nuevo año se perfila como otro más de la ya prolongada crisis económica. De momento siguen los casi cinco millones de parados, que debiera ser motivo de vergüenza para los responsables políticos y económicos que lo han provocado. Además de las medida que ya se han tomado, se prevén otras nuevas que propondrán más ajustes y esfuerzos que habrán de ser realizados, como casi siempre, por quienes no han sido responsable de esta calamitosa situación económica y social, la clase trabajadora. Así, mientras políticos, financieros y banqueros se siguen frotando las manos con sus ganancias, los más se ven empobrecidos por una disminución progresiva en su poder adquisitivo. A pesar de todo ello, hay quienes tienen la esperanza de que de ésta, como de otras crisis, también se saldrá.

A pesar de que este año, de momento, esta siendo especialmente suave en cuanto a temperaturas, enero, es el mes que tradicionalmente tomamos como más invernal, olvidando a veces que los rigores climáticos afectan también a otros meses del  calendario. No obstante, es conveniente protegerse del frío y del viento, y cuidar nuestras mucosas respiratorias. Estas, seguirán siendo actitudes básicas para mantener en buen estado nuestra salud en estas fechas. 

En estos meses, algunos de los problemas de salud característicos son derivados del clima frío y suelen afectar al aparato respiratorio, sobre todo. Pero es enero, también, un mes que podríamos llamar de arrepentimiento, de  darse cuenta de las numerosas transgresiones dietéticas que se han cometido en las fechas navideñas, y eso lleva a que aumenten el número de analíticas de control buscando comprobar por donde se encuentran los colesteroles, triglicéridos y cuantos testigos bioquímicos de nuestras celebraciones pudiéramos invocar.  

Estos meses son los más apropiados, también, para ayudar a nuestro sistema inmunitario a protegerse de los ataques a los que nos veremos sometidos por parte de distintos virus, sobre todo en lo que al aparato respiratorio se refiere. Suplementos como el propoleo, la echinacea o los lisados de Anas Barbarie, son de gran utilidad. También son de gran ayuda algunas infusiones calientes de plantas tales como el tomillo, el orégano y muy especialmente el jengibre fresco, que aportará calor y fortalecerá el aparato digestivo y respiratorio.

No es tiempo este para la extroversión o las manifestaciones expansivas, sino para para el sosiego y la calma, para pensar en nuevos proyectos, para mirar hacia el interior, para observar y preparar aquello que surgirá de la pausada maduración que estas fechas proponen.

Es también momento para las reuniones con amigos, con familiares, para la charla distendida y la conversación junto a la chimenea, así como para la indagación interior, actividades todas estas de las que podemos disfrutar, tanto solos como en compañía de nuestros amigos y seres queridos.

 

¡Feliz enero!

 

Campos de aplicación de la Sofrodynamia®

26 dic

Después de años de experiencia enseñando Sofrodynamia®, es decir, de haber entrenado a miles de personas, puedo afirmar con total rotundidad que dicha metodología constituye una herramienta de gran valor en numerosos ámbitos del ser humano, sobre todo porque les enseña y les ayuda a vivir mejor y a experimentar un grado de bienestar superior al que conocían.

Podría decirse que la Sofrodynamia® está especialmente recomendada para todas aquellos que quieran crecer y desarrollarse, tanto si se encuentran sanos como si padecen algún tipo de enfermedad.

La Sofrodynamia® no es una terapia, pero es terapéutica. ¿Qué quiere decir esta aparente contradicción? Pues que estando planteada como una disciplina de desarrollo humano, nos encontramos con la sorpresa de que, una vez se entrena lo suficiente, se producen cambios terapéuticos, en ocasiones sorprendentes, que transforman un proceso patológico y generan un mejor estado de salud. Por eso, se piensa que la Sofrodynamia® es una terapia, porque para estas personas ha funcionado como tal. Pero a pesar de que para muchos enfermos haya habido un antes y un después en sus vidas, insisto, en que no puede presentarse como si fuese una terapia.

Podríamos preguntarnos, pues, ¿entonces cuáles son los campos de aplicación del entrenamiento sofrodynámico? A lo que habría que responder que la Sofrodynamia® ha demostrado ampliamente su utilidad en el ámbito de la medicina, de la psicología y, sobre todo, del desarrollo humano.

En el área de la salud se ha demostrado que no es un mero tratamiento sintomático para una enfermedad específica, sino, más bien, un instrumento integrador, armonizador y en cierto aspecto curativo del ser. Si quisiésemos concretar un poco más sus aplicaciones, valdría con leer el siguiente listado:

-          Mejora el estado de salud en general.

-          Es útil como prevención y tratamiento del estrés.

-          También como parte del tratamiento de las enfermedades y procesos psicosomáticos.

-          Ayuda a las personas de la tercera edad.

-          Para los enfermos crónicos o convalecientes de enfermedades graves.

-          Para todas aquellas personas que se encuentran involucrados en procesos importantes de cambios en sus vidas.

-          Como aportación al desarrollo humano, al crecimiento interior y al desarrollo espiritual.

 

Si entendemos bien todo lo anterior, es posible deducir que el aprendizaje y la práctica de la Sofrodynamia® puede ser de utilidad prácticamente para cualquier persona que lo desee.

En este sentido no existen demasiadas restricciones para su aprendizaje, salvo para aquellos sujetos que padecen alteraciones graves del estado o nivel de conciencia que le impidan mantener un nivel normal de comunicación (demencias, psicopatías graves, oligofrenias, niños muy pequeños, etc.).

Después de años de experiencia y de recibir el feed-back de miles de alumnos, es posible deducir algunas conclusiones acerca del tipo de personas a los que más ha beneficiado el entrenamiento sofrodynámico. Si quisiésemos agruparlos, diría que han recibido grandes beneficios personales los siguientes grupos:

 

1)   Aquellos alumnos que padecen patología psicosomática, ya que la Sofrodynamia® se muestra muy útil mejorar los trastornos de ansiedad, depresión o en la patología derivada del estrés, porque encuentran un alivio para sus síntomas y disponemos de un gran número de estrategias para la prevención y gestión del estrés.

 

2)   Personas afectadas por cambios importantes en sus vidas, tanto si dichos cambios han ocurrido ya, o bien en los momentos previos a que estos se produzcan. A estas personas les sirve para resituarse en su momento presente, les permite encontrar sentido a su manera de estar en el mundo y, además, les posibilita que puedan establecer direcciones de desarrollo mejorando mucho más su proceso de cambio consciente hacia las metas por ellos elegidas.

 

3)   Los sujetos que están involucrados en un proceso de crecimiento y desarrollo interior. Aquí la Sofrodynamia®, desde el profundo respeto a las diferentes religiones, los distintos modelos de desarrollo humano y las diferentes tradiciones espirituales, se sitúa más allá de  aquellos credos concretos y facilita las herramientas psicológicas, energéticas y espirituales, para que cada cual, según sus propias creencias, realice su búsqueda de una forma más segura y eficaz.

 

Personalmente, después de muchos años enseñando Sofrodynamia® no necesito muchos argumentos, más allá de lo que personalmente he comprobado año tras año, para convencerme del gran beneficio del método. Pero comprendo que para las demás personas, sobre todo aquellas más escépticas o que ni si quiera conocen el significado del término Sofrodynamia®, para ellos, es de suma importancia contar con pruebas suficientes que demuestran la valía y la solidez de mis propuestas.

Desde los comienzos he procurado siempre constatar por escrito las experiencias personales de los alumnos. Por eso cuento con numerosos autoinformes en los que cada persona refiere los cambios que se han producido en sus vidas, sus progresos y los beneficios recibidos gracias al entrenamiento sofrodynámico. Esto es un modo de evaluación de tipo subjetivo, pero de un gran valor práctico, al menos para mí, ya que recibo información acerca de qué es lo que más les ha beneficiado o qué dificultades han tenido durante su entrenamiento.

Además de estos autoinformes que, como he mencionado, son sumamente valiosos ya que relata la experiencia individual y personal de cada sujeto contada por él mismo, hace años que vengo realizando diferentes pruebas psicométricas para demostrar de una forma más objetiva aquello que, subjetivamente, cada persona afirma. Estos cuestionarios se pasan durante la sesión inicial y la sesión final en el grupo de entrenamiento de nivel inicial.

A modo de resumen, los datos objetivos revelan que el 91% de los alumnos refieren haber obtenidos importantes beneficios gracias a su práctica sofrodynámica, tanto en la dimensión, personal, familiar o laboral. También se han comprobado diferencias significativas en cuanto a mejoras del estrés, ansiedad y depresión.

Todo lo anterior permite afirmar que la Sofrodynamia® es una estrategia útil en todos los campos referidos anteriormente y posee un gran número de aplicaciones, tanto para sujetos sanos como para aquellos que padecen cierto tipo de enfermedades, ayudándolos en su curación y permitiéndoles vivir de una forma más armónica y feliz.

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Editorial diciembre 2011

17 dic

Un poco tarde escribo el editorial de este mes. Normalmente lo publico durante los primeros días, pero esta vez he estado de viaje y no me ha sido posible hacerlo antes. Pido disculpas por este retraso.

Sin embargo, por otro lado, no ha estado mal que sea así, ya que el anteriormente mencionado viaje me ha permitido adquirir nuevas experiencias que seguro se irán plasmando en el momento oportuno.

En estos días que estábamos fuera disfrutando de temperaturas propias del verano, los amigos comentábamos “cuando volvamos a España nos encontraremos todo puesto de Navidad y pasaremos en pocas horas del calor de aquí al frío del invierno”. Y es que los viajes en avión tienen la capacidad de cambiarnos en  muy pocas horas no sólo de país o de continente sino también de condiciones climáticas totalmente contrapuestas.

Al volver a retomar la rutina del día a día, me ha resultado curioso observar en estas fechas como si hubiese menos ambiente navideño que otros años. Es una impresión personal y quizás no demasiado exacta. Sin embargo me ha parecido como si hubiese menos alegría, menos deseos de celebración, más gente a las que parece que les molestan estas festividades o algo similar.

La explicación más a mano sería achacar lo anterior a la crisis. Al haber menos dinero y más dificultades económicas darían lugar a que se compraran menos cosas y podría justificar también que hubiese menos ambiente en las calles y los comercios. Pero no me refiero a eso, mi percepción va más bien a nivel personal, al modo en el que las personas vamos viviendo cada año esta festividad.

Observo en algunas personas como si no fuese “políticamente correcto” felicitar las navidades, ya que esto es un signo cristiano y nosotros somos un estado laico. Parece que es mejor felicitar el año nuevo o quizás el solsticio de invierno o cosas así. Para cierto tipo de pensamiento, la Navidad, es sinónimo de curas, iglesia, personas conservadoras y carcas, ya que lo moderno y “chupiguay” son las constelaciones planetarias o el tránsito hacia el nuevo año y nada de chorradas religiosas y trasnochadas, de pastores y de belenes.

Como cada cual es libre de pensar lo que quiera y expresar sus opiniones, siempre que se hagan con el mínimo respeto, expresaré la mía.

En diversas ocasiones y por distintos medios he venido expresando mi idea al respecto. Pienso que la Navidad representa un fenómeno cósmico y simbólico que trasciende los localismos de algunos y las ideas sectarias de otros muchos.

La Navidad como símbolo universal más allá de cualquier adaptación cultural viene a representar el misterio del amor universal que se hace carne para habitar entre nosotros y para dar lugar al nacimiento del nuevo ser humano. Un nacimiento que cada persona está invitada a realizar en el interior de sus corazones para acoger al “sol que viene de lo alto” y que nos permite pasar de las tinieblas a la luz. No hace falta ser católico para desear que la luz, la paz y el amor habiten en nuestros corazones. Este es el espíritu de la Navidad, preparar un espacio de acogida para que pueda nacer en nosotros ese amor y esa luz.

En nuestra tradición cultural se ha expresado con una bella simbología cargada de profundo significado a través del nacimiento del Niño Jesús. Cada uno de los diferentes elementos de un portal de Belén encierran un hondo significado a nivel psicológico y transpersonal, pero para ello hemos de tener ciertas claves que nos permitan entender dichos símbolos.

Cualquier festividad que en un mundo como el nuestro proponga la paz, la fraternidad y el amor, debiera gozar de la más amplia aceptación y el más extenso de los consensos, porque de cara a la convivencia humana ¿existen valores más altos que los propuestos por la Navidad?

Una de las tareas de cualquier ser humano es la de ser fecundos. Habremos de buscar el dónde y el cómo. Tal vez nos demoremos en el cuándo, pero lo importante es ser fecundos. Y pienso que no existe una mayor fecundidad que la de aquellos actos que surgen de un corazón pacífico y amoroso.

Por otro lado me gustaría comentar que es frecuente que cualquier persona de cierta edad haya sufrido pérdidas de seres queridos, de amigos que ya no estarán, de tiempos y situaciones que se fueron para no volver más. Algunas de estas personas sienten que la Navidad son unas fechas tristes, nostálgicas, de recuerdos, de ausencias.

Pienso que si dejamos que dichas experiencias de pérdida sean las que rijan nuestra vida será como si nos apuntásemos a un club para sufrir más de lo necesario. Por eso es conveniente integrar las pérdidas como parte del proceso de la vida y abrirse a vivir lo nuevo, el instante, lo inesperado, iluminados por la esperanza que nos propone el espíritu de la Navidad: “en la más profunda oscuridad de una noche cerrada, nace un niño débil y humilde, semilla de amor, para alegrar nuestros corazones y guiar nuestros pasos por el sendero de la paz”.

¡Ojalá que todos los seres, próximos y lejanos, podamos vivir nutridos por este espíritu!

 

Feliz diciembre, Feliz Navidad

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Axiología sofrodynámica: el mundo de nuestros valores

19 nov

En Sofrodynamia® tratamos de aproximarnos al mundo de nuestros valores desde un punto de vista psicológico, es decir, desde un abordaje diferente de lo que sería el enfoque ético o moral. Y no porque esto último no resulte importante sino porque el ámbito de nuestro trabajo es otro distinto.

Respecto a los valores nos interesa, sobre todo, conocer cuáles son, cómo funcionan y qué repercusión van a tener para la vida diaria. También cómo explorarlos, y cómo hacer más congruente nuestro comportamiento con la finalidad de que lo que hacemos responda a lo que pensamos y sentimos (Principio Sofrodynámico de Alineamiento), para poder cumplir mejor nuestro propósito de desarrollo humano.

Se cuenta que cierta vez le preguntaron a Buda cómo podemos saber algo sobre nuestra próxima vida, y según parece Buda respondió “Si queréis saber cómo será vuestro futuro, observad atentamente cómo está siendo vuestro presente”. Dos mil quinientos años después, la moderna psicología, no ha hecho sino confirmar estas palabras, que nuestro presente establece las bases sobre la cual estamos permanentemente construyendo el futuro.

¿Por qué cuento lo anterior?, pues porque de manera similar, cuando nos referimos al mundo de nuestros valores, podemos decir algo parecido. Por tanto, si quieres saber qué es lo realmente valioso para ti no hace falta que te encierres a meditar mucho tiempo, ni tampoco extensas o profundas cavilaciones al respecto, simplemente observa tu día a día y sabrás a qué le estás dando importancia y a qué no. Observa aquello a lo que dedicas tiempo y descubrirás qué es lo que en verdad es importante para ti.

Es posible que no te guste lo que observas porque mentalmente tienes otra idea, o puede ser que no tengas muy clara la diferencia entre lo que realmente haces y aquello otro que te gustaría hacer. Tal vez, haya que aclarar este punto un poco más.

Entendemos por valor algo que merece la pena y que, por tanto, es importante para nosotros, de ahí su nombre. Algo por lo que estamos dispuestos a luchar y a dedicar tiempo y esfuerzo. Algo por lo que somos capaces de poner toda la carne en el asador. Según Bernabé Tierno, valor: “Es aquello que hace bueno a las cosas, aquello por lo que las apreciamos, por lo que son dignas de nuestra atención y deseo”.

Para Victor Frankl, existe un reino de los valores al que no se accede por el conocimiento racional o sensitivo, sino por la vía de la intuición emocional. El descubrimiento de estos valores son los que nos van a ayudar a encontrar el “sentido” de nuestra existencia. Para este autor, en el ser humano, el sentido de nuestra existencia no es algo conferido, sino algo descubierto.

A efectos prácticos, en nuestra vida cotidiana, cada sujeto imputa o atribuye el valor a la cosa. Por eso, para una persona algo puede ser muy valioso pero para otra  persona puede que no lo sea en absoluto.

Además de lo anterior, hemos de tener claro que una cosa son las ideas teóricas que cada uno de nosotros tiene acerca de lo que es un valor, y otra cosa bien distinta es la concreción de esos mismos valores en nuestra vida diaria. Por tanto, se podría decir que una cosa son los valores pensados o imaginados, es decir, los valores ideales y otra cosa son los valores reales.

Cuando se habla de los valores, en general, a todos nos gusta fantasear con los valores ideales, pero si bajamos de las nubes teóricas y ponemos los pies en la tierra nos daremos cuenta de cuáles son nuestros verdaderos valores. Esto lo podemos descubrir si observamos atentamente lo que cada día hacemos.

Con frecuencia suele haber discrepancia entre los valores ideales y los valores reales. Cada cual es libre de especular mentalmente acerca de tal o cual valor, pero en la práctica, aquello a lo que cada día dedicas tu tiempo y tu energía es nuestro verdadero valor real, nos guste o no admitirlo.

Suele suceder que sentimos que los valores reales muchas veces son falsos valores para nosotros, porque nos esforzamos y gastamos nuestra energía en actividades y tareas a las que no les conferimos relevancia  desde el punto de vista de lo que realmente nos merece la pena.

No es extraño observar como el diagnóstico de una enfermedad grave, tanto personal, como en un familiar cercano, una muerte de alguien próximo o cualquier otro tipo de circunstancia vital con alto impacto emocional, nos invita a replantearnos nuestra vida y, más concretamente, nuestra escala de valores.

Dicha escala de valores es algo así como la jerarquía que otorgamos a lo que sentimos que merece la pena en la vida. Pero ojo, una cosa es la escala ideal y otra la escala real. Y la que verdaderamente importa es la real.

Cuando empeñamos nuestra vida en dar respuesta a un verdadero valor que nos conmueve en nuestro interior, por duro y largo que sea el trabajo requerido para ello, solemos encontrar placer y satisfacción. Por el contrario, cuando nos entregamos a tareas que, aun siendo relevantes económica, social o académicamente, no nos tocan en lo más profundo de nuestro ser, cualquier esfuerzo nos resulta vano y con escaso sentido.

Es por ello que atender a nuestros verdaderos valores puede ser una fuente de alegría y bienestar, mientras que lo contrario suele generar tristeza y frustración, por muy exitoso que se sea externamente.

Crecer y desarrollarse, en un contexto de aprendizaje va a tener implícita o explícitamente conexiones importantes con la tarea de descubrir y responder a nuestros auténticos valores personales reales, ya que, además, el mundo de los valores va a constituir una puerta de entrada al mundo de la trascendencia, que es el nivel de existencia más específicamente humano.

Podemos, por tanto, considerar que, en cierto aspecto, nuestro sistema de entrenamiento sofrodynámico, viene a cuestionar nuestro momento actual para plantear una renovación de nuestra AXIOLOGÍA (disciplina que se dedica al estudio de los valores), ya que buscamos empezar a descubrir y conquistar progresivamente los VALORES de nuestra existencia.

Históricamente, es a final del siglo pasado y comienzos del presente cuando aparece la Axiología como disciplina filosófica que se encarga del estudio acerca de la esencia, naturaleza y juicios de valor.

Resumidamente podemos decir que a lo largo de la historia del pensamiento filosófico han existido dos posicionamientos diferentes respecto a este tema. Por una parte, los llamados subjetivistas (“subjetivismo axiológico“) que defienden que el ser humano es el que crea el valor con su agrado, deseos, intereses. El valor, para ellos, sólo existiría en relación a la propia valoración del sujeto en cada momento. Así una misma cosa puede ser considerada o no como un valor según sujetos diferentes.

Por otro lado tenemos los que defienden el “objetivismo axiológico“, entre ellos la Escuela Fenomenológica con Scheler a la cabeza. Para dicha escuela los valores existen en sí mismo y el sujeto sólo los descubre.

Hoy día se entiende que las dos posiciones tienen su parte de razón y que, como en la mayoría de las cosas, dependerá de cómo entendamos el término valor. Así, si lo contemplamos desde la metafísica, el valor existirá por sí mismo. Pero si lo contemplamos desde  la psicología, el valor será algo subjetivo. Y, curiosamente, si tomamos una perspectiva histórica o sociológica, podremos observar como los valores han ido variando según las circunstancias históricas y sociales, lo cual nos habla de una cierta variabilidad en el tiempo.

A nivel práctico podemos suponer que actuar de acuerdo con nuestros valores y llegar a cumplir nuestros objetivos y metas, van a ser dos factores fundamentales de cara a poder sentirse feliz en cada momento. Por ello, parece imprescindible el propósito de ir formándonos y educándonos en el crecimiento y desarrollo de los valores personales y, también, en un aspecto no menos importante que el anterior, en ir descubriendo el profundo e interesantísimo mundo de los valores que, para los seres humanos en general, forman parte de la base y fundamento de nuestra evolución como grupo.

En Sofrodynamia®, existen técnicas específicas que nos ayudan a explorar el mundo de los valores personales y grupales, pero además de conocerlas y practicarlas, lo que no deberíamos perder de vista es ser capaces de impregnar  todo nuestro entrenamiento en general, así como nuestras acciones cotidianas, del grado de consciencia necesario para ir poco a poco desarrollando cada vez más y mejor una axiología verdaderamente humana.

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Responsabilidad y cambio en Sofrodynamia®

6 nov

En nuestro medio, no hace falta tener una formación académica excesivamente sólida para conocer el significado que encierra el término responsabilidad, así como la importancia que tiene para nuestra vida.

En castellano, la palabra responsabilidad, deriva del vocablo latino “respondere” que significa pagar por turno o cuando a uno le toca, y hace alusión a la capacidad de asumir las consecuencias de nuestras acciones o de tomar el control o el mando en ciertos asuntos.

Si quisiéramos resumir en pocas palabras el papel que juega la responsabilidad en nuestras vidas, podríamos formularlo fácilmente mediante una expresión metafórica: “Ser responsable es como atreverse a coger las riendas de tu vida para conseguir las metas a las que aspiras”. Por tanto, cualquier persona que desee cambiar su vida para mejorarla, ha de asumir que es responsable de lo que en ella sucede  así como de las repercusiones que sus actos ocasionan a los demás y al medio ambiente.

Ser responsable podría compararse, por tanto, a montar un caballo. Cuando montamos un caballo utilizamos las bridas para guiar su marcha, dirigiendo la cabalgadura hacia la meta deseada. Si dejamos que el caballo cabalgue sin ningún tipo de dirección ni control hacia donde le apetezca, se moverá de una manera anárquica y nos llevará donde él quiera y no donde nosotros queramos.

Pero la responsabilidad pesa, ya que eres tú y no los demás quien ha de cargar con el compromiso de tu felicidad o de tu sufrimiento.

Es frecuente encontrar personas a los que no les gusta la vida que llevan, y la opción que escogen es la de quejarse de ello, obviando así la responsabilidad que tienen de realizar los cambios apropiados para orientarse hacia las metas que desean conseguir. Porque cuando asumimos la responsabilidad de tomar conscientemente las decisiones que nos llevan a cambiar, gozaremos de una mayor probabilidad de obtener los logros y objetivos que nos propongamos.

Por tanto, es esencialmente importante tomar consciencia de que nosotros elegimos como orientar nuestra vida, es decir, somos responsables de nuestro destino. Cuando, por la razón que fuere, se renuncia a ello permitiendo que sean otros los que manejen las riendas de nuestra propia vida, el resultado suele ser nefasto.

Somos, pues, cocreadores y, por tanto, responsables, de nuestro propio universo y de nuestra propia realidad, aunque muchas personas prefieran sentirse víctimas de las circunstancias y echar la culpa de sus desgracias a los demás o al mundo. Quienes piensan así tienen todas las papeletas para lograr una vida suficientemente desgraciada.

Evidentemente, las circunstancias vitales de cada uno tienen su importancia. Éstas pueden favorecer la consecución de nuestras metas o, por el contrario, dificultarlas, pero en ningún caso han de ser determinantes a la hora de escoger el camino que hemos de seguir.

Es posible que en ciertas ocasiones nos sintamos limitados porque haya cosas que no podamos cambiar, o situaciones de las que momentáneamente no podemos salir. En estos casos, es importante  caer en la cuenta  de que cuando tenemos trabas y dificultades, asumir que aquello que no puedo hacer no llegue a bloquear la posibilidad de llevar a cabo otras cosas que sí puedo realizar. Seguramente habrá casos en los que no pueda hacerlo todo, pero tal vez sea posible hacer algo, por muy pequeño que esto sea.

He conocido a muchas personas que se excusan diciendo que a su edad cómo van a cambiar. Se quejan del modo en el que viven y, además, experimentan frustración porque sienten que no pueden hacer nada por modificar su situación. Tal vez haya muchas cosas, ciertamente, que no se puedan transformar. A veces es necesario aprender a aceptar aquello que no podemos corregir.

Pero según mi experiencia, he podido comprobar que cuando dichos sujetos se comprometían en un proceso de desarrollo personal, eran capaces de realizar bastantes más mejoras en sus vidas de las que en un principio creían, de tal manera que algunos de los cambios que llegaron a realizar tuvieron como resultado la desaparición de alguno de sus conflictos más importantes, sin que en realidad las circunstancias externas hubiesen variado demasiado. Fueron la habilidad para modificar sus procesamientos internos y el aprendizaje del autocontrol y gestión de su mundo interior, junto a asumir la responsabilidad de dirigir sus vidas, los que obraron el “supuesto milagro”.

Por eso, en relación a los procesos de cambio, el primer mensaje que debería quedar suficientemente claro es que el cambio es posible, sea cual sea la edad y las circunstancias.

El segundo, asumir que en muchas ocasiones no podemos cambiar el mundo exterior, pero siempre podremos modificar la forma en la que nosotros lo percibimos y experimentamos, así como nuestra actitud ante el asunto y el tipo de respuestas que generamos ante los retos que se nos plantean. A eso lo llamamos autogestión.

El tercero, y no por ello menos importante, proclamar claramente y sin lugar a dudas de que somos nosotros, y no los demás, los responsables de nuestro propio destino.

Estas afirmaciones nos muestran que, en realidad, podemos hacer más cambios en nuestra vida de los que en un principio imaginábamos. Tal vez no sea posible realizar rápidamente el gran cambio que inicialmente habías imaginado, pero recuerda que, en ocasiones, pequeños cambios conseguirán grandes resultados si eres capaz de mantenerlos a lo largo del tiempo.

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Editorial de Noviembre 2011

1 nov

Comienza noviembre con su noche de Halloween y la Festividad de Todos los Santos. Cada vez más va creciendo en nuestro medio la importada tradición sajona de disfrazarse la noche de difuntos con terroríficos atuendos relacionados con la muerte, con zombis y cosas parecidas, toda una verdadera metáfora de nuestra clase política.

Inauguramos un nuevo mes que, en este caso, viene cargado de ilusiones para unos, temores para otros e incertidumbre para la mayoría. No sabemos qué pasará tras las elecciones del día veinte. Pero si sabemos que salga el gobierno que salga, no lo tendrá nada fácil. Y nosotros tampoco.

Digo esto no sólo por la dificultad de lidiar con la famosa crisis (sí, esa que no existía y que ahora tiene la culpa de todo), sino porque la talla intelectual, humana y política que están demostrando, por uno y otro lado, aquellos que en teoría tienen la responsabilidad de sacarnos del atolladero, deja mucho que desear.

Si a lo anterior añadimos que comienzan las borrascas, los fríos, las primeras nevadas y que en esta época del año aparece también una cierta tendencia a la depresión y la melancolía, no podemos más que disponernos a estar un poco más atentos a nuestra salud, para lograr mantenernos lo mejor posible durante este periodo.

Es curioso como cada persona tiene su propia y peculiar estructura energética. Hay quien cuando comienza el otoño se siente aliviado y animado tras los rigores del caluroso verano. Sin embargo, quizás sea más frecuente encontrar más personas que, sin saber muy bien por qué, según ellos mismos refieren, comienzan a sentirse tristes, apáticos o decaídos, sin que en su vida diaria haya ocurrido suceso alguno que lo justifique.

Cíclicamente observamos este fenómeno. La medicina convencional incluso lo recoge en sus textos, pero hasta ahora ha sido incapaz de explicar por qué sucede esto.

Sin embargo, desde el enfoque de la Medicina Tradicional China encontramos explicaciones suficientes como para entender dichos acontecimientos.

Para conocer bien lo que sucede en esta época, lo primero es establecer una comprensión energética del ser humano. Nuestro cuerpo no es sólo materia sin más, sino, sobre todo, energía circulante que establece un continuo intercambio con el medio ambiente en el que vivimos. En estos momentos, nos encontramos bajo la influencia de la energía que los chinos describieron como perteneciente al Elemento Metal (que rige los meridianos de Pulmón e Intestino Grueso).

Esto influye en nosotros de tal manera que quienes no tienen dichos meridianos suficientemente fuertes, son más susceptibles de ciertos padecimientos en esta época del año.

Se dice que la energía del elemento metal, tiende hacia dentro, hacia la introversión y el aislamiento. ¿Qué podemos hacer, entonces, para intentar mejorar nuestra salud?

Como siempre, el sentido común nos servirá de guía. Evitar cambios bruscos de temperatura, lugares contaminados o con mala ventilación es algo obvio.

Tener cuidado con la leche y sus derivados, alimentos generadores de mocos y que suelen congestionar no sólo el aparato respiratorio sino también el digestivo, es también aconsejable a pesar de las muchas campañas publicitarias que las centrales lecheras y las grandes multinacionales utilizan para convencernos de lo contrario.

Aportar calor mediante infusiones, sobre todo con cierto toque picante, ya que este sabor mejora la energía del pulmón, pueden resultar de utilidad. Podemos usar el chile, curry, pimienta, clavo y también la canela y el anís estrellado, etc. Para mí, uno de mis favoritos es el jengibre, aunque no a todo el mundo le gusta ni le cae igual de bien.

También son útiles para esta época algunos alimentos tales como los puerros, las patatas, el arroz con azafrán, los berros, la sopa de miso, etc.

Por último, considero importante la tonificación corporal a través de la realización de ejercicios de regulación y fortalecimiento a nivel energético, tales como los que se encuentran descritos en algunos Chikunes específicos, y, como no, la práctica de la respiración utilizando no sólo ejercicios de respiración consciente sino también aquellos en los que desbloqueamos el diafragma y conseguimos una mejora en la amplitud de los movimientos respiratorios, lo cual será un magnifico preventivo para los procesos catarrales.

Con la esperanza de que todo suceda del mejor modo posible os deseo

 

Feliz Noviembre

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Sofrodynamia®, ¿por qué es necesario un método?

28 oct

Decía Milton Ericson  que la diferencia entre un montón de tablas y una auténtica casa es la forma en la que estos tablones se disponen en el espacio.

Y eso me hace recordar que, en lo referente al proceso de desarrollo humano, que cuando lo seguimos nos conduce a la serenidad y la paz, no se trata tanto de cuanta cantidad de información somos capaces de obtener en un tiempo determinado, sino de qué modo somos capaces de gestionarla y de conectar con nuestra propia experiencia, de tal manera que podamos asimilar dicha información de una forma práctica, eficaz y eficiente, para que se traduzca en nuestra vida en un mayor bienestar y felicidad.

Siguiendo el ejemplo inicial, no podemos poner las tablas de cualquier manera, sino que si queremos construir una casa hay unas formas correctas de hacerlo y otras que no lo son. Hay que resaltar que cada uno dispondrá de la libertad de elegir el tamaño y la distribución de su propia casa, pero, obviamente, hay modos de construir que son apropiados y otros que conducirán al fracaso.

Obviamente se trata de desarrollar una habilidad que nos permita realizar la correcta gestión de los conocimientos que vamos adquiriendo. Indudablemente, para ello, hace falta un método.

Así que además de tener las tablas, los clavos, los martillos, etc. Y la habilidad para usarlos, necesitamos un mapa que nos permita realizar la construcción deseada de la mejor manera posible.

La Sofrodynamia® trata de aportar un modelo de trabajo que nos permite aprender a desarrollar dichas habilidades. No sólo aporta conocimientos sino también metodología y estrategias. Basándonos en el ejemplo anterior, podemos entender que en Sofrodynamia® nos interesa tanto enseñar esos mapas como las técnicas de uso de las herramientas que nos permitirán construir aquello que deseamos.

Enseñar técnicas solamente sería como enseñarle a alguien a preparar una receta de cocina, mientras que lo que realmente propongo, ya que considero que es lo que tiene verdadera relevancia, es “enseñar a los alumnos a cocinar”, para que cada cual sea capaz de realizar sus propias recetas.

Para ello es necesario realizar propuestas que conjuguen al mismo tiempo la posibilidad de explicar los conocimientos teóricos básicos para fundamentar el proceso de desarrollo humano, es decir, qué, cómo y por qué se hace lo que se hace al tiempo que  también necesitaremos aprender a realizar ejercicios que perfeccionen habilidades y destrezas imprescindibles para manejarse por el Espacio Interior. Además, es necesario enseñar al alumno a transformar un modelo limitante de acceso a la realidad y cambiarlo por otro más potenciador.

Por tanto, la propuesta que se hace al alumno es que se convierta en un explorador de su Mundo Interior, y que someta a la constatación de su experiencia y su discernimiento cualificado, todo aquello que se le vaya proponiendo. Buda enseñaba a sus alumnos diciéndoles, “no creáis esto porque sea yo quien lo dice o porque tenga autoridad, escrutad mis enseñanzas como el orfebre escruta el oro. Sólo después de verificarlas y comprobarlas, entonces hacedlas vuestras”.

Hoy más que nunca tenemos la posibilidad de acceder de forma colectiva a enseñanzas acerca del mundo interior, de la mente y  de su funcionamiento, que hasta hace muy poco tiempo se mantenían reservadas solamente a unos pocos iniciados a los que sus maestros decidían transmitir dichos conocimientos.

En otros tiempos, y todavía hoy en ciertos ámbitos, la transmisión de las enseñanzas más valiosas se ha llevado a cabo siempre siguiendo un determinado protocolo y según la secuencia boca-oreja. A lo largo de la historia se ha venido realizando a través de un linaje interrumpido de generación en generación, en el que un maestro debidamente cualificado adiestraba a sus discípulos en función de sus méritos y capacidades. A cada cual según su nivel.

Había pues una cierta garantía en el sentido de quién transmitía el conocimiento era quién podía y sabía hacerlo, y quién lo recibía era, también, alguien lo suficientemente preparado para incorporar dichas enseñanzas, evitándose así que estas pudieran constituir algún tipo de peligro para el equilibrio mental o la paz espiritual del alumno.

Pero los tiempos han cambiado. Cualquier persona, siempre que pague los costos, esté preparada o no, puede apuntarse a uno de los innumerables cursos y talleres que diariamente se anuncian en las diferentes plataformas mediáticas especializadas en estos temas.

Normalmente no es necesario aportar ningún requisito previo ni ningún tipo de mérito por parte del alumno, de la misma forma que quien lo imparte pudiera estar cualificado para ello, o no. Hay unas ciertas condiciones de inseguridad en todo lo que se refiere a la transmisión de determinados conocimientos, sobre todo en lo que se refieren a los más valiosos y elevados.

Por eso, la gran cantidad de información a la que somos capaces de acceder hoy día encierra al mismo tiempo un maravilloso potencial, siendo oportunidad para nuestro crecimiento, pero a su vez tiene la contrapartida de que algunos  estos conocimientos puedan transmitirse de forma inapropiada, debido a los factores que he mencionado con anterioridad, bien porque  quienes lo difunden sean personas poco preparadas para ello, o bien porque los sujetos que reciben dicha información no se encuentren suficientemente preparados para recibirla.

Así que, en muchos casos, la enorme ventaja que nos proporciona la posibilidad de acceder a muchas informaciones diferentes, cuando nos referimos al caso del crecimiento interior, se torna en un peligro, sobre todo cuando el oyente no es capaz de  discernir el trigo de la paja, o no es capaz de conseguir un método eficaz para poner en práctica dichas enseñanzas.

Cantidad y calidad de información, con cierta frecuencia en nuestro medio, no suelen ir de la mano, como sería deseable. 

De la misma forma que si damos comida de adulto a un lactante, éste no la digerirá o incluso enfermará, hemos de saber que es posible transmitir públicamente sólo aquellas enseñanzas que son sencillas y digeribles por todos,  y que otros conocimientos habrán de explicarse solamente a quienes estén suficientemente preparados para ello.

Por eso en Sofrodynamia® se hace especial hincapié en comenzar desde cero, empezar por las cosas aparentemente más simples y sencillas, que a menudo suelen ser pasada por alto.

A lo largo de los años me he encontrado con personas que pretendían saltarse el Nivel Inicial de Entrenamiento en Sofrodynamia®, con la excusa de que eran psicólogos o habían leído mucho o habían hecho ya muchos cursos. Salvo alguna excepción justificada, siempre les decía que habrían de comenzar por el principio, porque no se trataba sólo de demostrar conocimientos intelectuales sobre un asunto, sino de familiarizarse con un modelo de trabajo que, seguro, no habían aprendido antes.

Algunos no aceptaban mis explicaciones de por qué era necesario comenzar por un Nivel Inicial, cuando ellos se consideraban suficientemente expertos como para no hacerlo. Se sentían ofendidos y no volvía a verlos.

Otros, admitían mi forma de entender el trabajo y comenzaban el curso. Las sorpresas solían ser mayúsculas. Personas que decían llevar muchos años practicando yoga, meditación, Tai Chi, etc, me confesaban sorprendidos sus nuevos hallazgos al finalizar las sesiones. La mayoría contaba haber descubierto cosas que nunca hubieran imaginado.

Por eso, en Sofrodynamia®, tratamos de ir desde lo básico a lo elevado, de lo sencillo a lo complejo, de lo fácil a lo menos fácil. Progresar desde los niveles iniciales hasta los más profundos, de manera gradual.

La intención no es la de mantener ocultas las cosas ni envolverlas de un cierto halo mistérico que tanto agrada en ciertos ambientes, sino más bien es algo meramente pedagógico y didáctico, que nos permite progresar de forma segura en el conocimiento y en la experiencia de nuestro mundo interior.

No se comienzan las matemáticas por las integrales, ni comenzamos a aprender un idioma traduciendo los más complejos textos medievales, sino que se busca una secuencia didáctica lo más sencilla, práctica  y eficaz para que el alumno progrese de forma debida.

La Sofrodynamia®, también, acepta el reto de aportar un enfoque teórico y práctico que sean útiles y aplicables para el mundo y la sociedad actual, de tal manera que, sin perder las raíces en las antiguas tradiciones espirituales tanto de oriente como de occidente, sirva de ayuda para aquellos modernos buscadores que, en el siglo XXI, se lanzan al encuentro de sí mismo y del cosmos, intuyendo una realidad más allá de lo aparente.

Es por estas razones por la que siempre he defendido que para ciertas cosas es necesario un método didáctico, seguro y contrastado, a la vez que expuesto por alguien cualificado y he puesto en alerta a los alumnos, siempre que he podido sobre los “atajos maravillosos”, las “técnicas todocurativas” y los numerosos “pseudogurus” que permiten que te ilumines en un fin de semana.

Ya sé que proponer trabajo, constancia y disciplina en un mundo como el nuestro no es nada popular, tal vez, por eso mismo, el Camino del Desarrollo Humano no sea un camino de masas, sino que suele ser solamente transitado por aquellos buscadores honestos y lúcidos que comprenden la importancia de seguir un método que les permita de manera eficaz alcanzar la meta de paz y felicidad que tanto anhelan.

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Sofrodynamia ® y transformación interior

22 oct

Transformar el plomo en oro era el objetivo explícito de los alquimistas medievales. Sin embargo, según algunos estudiosos, parece ser que dicha formulación, además de la pura transmutación de un metal en otro, hacía referencia a una metáfora más profunda y sutil mediante la cual se pretendía reflejar el proceso de transformación de la naturaleza humana, desde sus niveles más bajos, similares al plomo, hasta la más radiante autorrealización que se comparaba con el metal rey, el oro.

A lo largo de nuestra vida recibimos múltiples enseñanzas de todo tipo. Pero no todas ellas son capaces de generar en nosotros un aprendizaje y mucho menos un cambio aplicable a la vida diaria. Solamente cuando esto sucede, decimos que las enseñanzas han sido transformadoras. En caso contrario hablaremos de que el aprendizaje ha sido de Nivel Cero, es decir, hemos escuchado cosas pero eso no ha llevado a ningún tipo de aplicación ni cambio en nuestra vida.

Lamentablemente, lo anterior sucede más veces de lo que sería deseable, y con frecuencia escuchamos personas que dicen cosas como “la teoría la sé, pero no se como hacer en mi vida aquello que necesito”. Cualquier disciplina que aborde los procesos de crecimiento y desarrollo humano, y  que trate de ser verdaderamente útil, ha de ser  necesariamente transformadora.

Desde el punto de vista sofrodynámico, el concepto de transformación es diferente al de cambio. La diferencia fundamental radica en que el cambio sucede lo quieras o no, los sepas o no, pero la verdadera transformación sólo se produce cuando acontece un cambio como consecuencia de un aprendizaje determinado y se orienta en el sentido del desarrollo humano. Obviamente, transformación es un cierto tipo especial de cambio con unas características determinadas.

En Sofrodynamia® estamos especialmente interesados en atender y promover la transformación interior de cada persona, con la intención de  que podamos conseguir nuestros objetivos de paz, sabiduría y felicidad. Podría decirse, pues, que estamos interesados en los procesos de “Alquimia Interior” del ser humano.

Para que cualquier proceso de transformación interior tenga éxito, deberá contar con la voluntad del sujeto. No habrá transformación posible sin este ingrediente fundamental. Y para ello, cada persona deberá trabajar lo suficiente como para generar las condiciones necesarias en orden a  que el resultado deseado pueda darse.

Aunque, además de la voluntad, haya otros factores que no dependan totalmente del sujeto, es indudable que la actitud y la motivación de cada uno van a jugar un papel primordial en todo el proceso.

En cualquier transformación interior, algunos de sus elementos interaccionan entre sí de un modo casi matemático. Funcionan más como una ciencia que como otra cosa. Sin embargo, necesitaremos también tener en cuenta otros aspectos, los cuales son mucho más creativos e intuitivos, en este caso, como si de un verdadero arte se tratase. Podría decirse, por tanto, que existe todo un “arte y una ciencia de la transformación”, los cuales deberán ser aprendidos por todos aquellos que quieran seguir avanzando y progresando hacia la autorrealización.

La Sofrodynamia® se estructura como una disciplina cuya intención es ayudar a cada persona, que así lo desee, a realizar los cambios necesarios en su vida para que esta sea más armónica y feliz, es decir, ayudarle a transfromar su existencia. Para ello, dispone de todo un arsenal de recursos y una metodología propia que permite, a quienes la conocen, realizar los aprendizajes y cambios oportunos en el sentido del desarollo humano.

Cualquier experiencia humana podría llegar a ser transformadora a condición de que el sujeto sepa aprovecharla. Para ello necesitará saber procesar, dichas experiencias, sin valorar si le agradan o  no, si son bonitas o feas, deseables o no deseables, simplemente habrá de darse cuenta de que en cada acontecimiento vital se encierra un valioso potencial de aprendizaje transformador.

Por lo que sabemos hoy día, parece que la capacidad de aprovechar los sucesos diarios para ayudar a nuestra transformación  interior, depende más de la persona y de como gestiona su propia capacidad de aprender que de la experiencia en sí.

Son muchas las cosas que cada uno de nosotros podría plantearse transformar en su vida. Algunas, obviamente, serán más importantes que otras. Entre aquellas que más nos interesa aprender a transformar se encuentra nuestra propia autoimagen.

Hoy día sabemos que uno de los factores determinantes de la salud del sujeto y que se correlaciona con un mejor o peor pronóstico hacia el futuro es la propia autoimagen de salud de cada uno. Experiencias como el Estudio Harvard así lo avalan.

Desde el punto de vista de la autocuración, entendida ésta como la capacidad de generar por sí mismo condiciones y estado de salud, ser capaces de pasar de percibirse negativamente como un “cuerpo doliente”, lo cual implicará experimentarse como enfermo, hacia una autoimagen de salud, será una cuestión ineludible.

Otro aspecto digno de transformar en nuestra vida son las motivaciones. Dichas motivaciones son el sustrato sobre el que se generan nuestras conductas. Las conductas son observables externamente mientras que las motivaciones son aspectos internos que, normalmente, no pueden ser conocidas a menos que el sujeto en cuestión nos lo quiera manifestar.

Sabemos que la motivación es lo que cualifica el acto y que una misma acción pudiera tener diferentes significados en función de qué motivación la sustenta. También sabemos que motivaciones egoícas de tipo negativo producirán conductas que a la postre serán poco saludables, mientras que, por el contrario, cuando las conductas se fundamentan sobre motivaciones más elevadas, serán mucho más saludables. Todo esto, por supuesto, desde el punto de vista del desarrollo personal y espiritual del sujeto.

Por otra parte, hemos de tener en cuenta la posibilidad de transformar nuestros contenidos mentales, (pensamientos, emociones, percepciones, etc.), intentando conseguir con ello que sean una ayuda y  no un obstáculo para nuestro desarrollo.

Nadie dice que hacerlo sea fácil, pero sí es posible afirmar que es una tarea que merece la pena.

Si quisiéramos sistematizar el trabajo interior que habríamos de realizar para lograr las metas anteriores, se podría hacer de la siguiente manera.

Primero, hemos de tomar conciencia de qué es aquello que realmente queremos transformar.

En segundo lugar, hemos de explorar cuales son las razones que nos mantienen anclados y que nos hacen mantener los patrones antiguos que ya no nos funcionan.

Después, habríamos de dedicar nuestro esfuerzo a comprender los perjuicios que nos causa el mantener lo viejo, y además entender también los beneficios que nosgenerarán los resultados de la transformación deseada. Esta fase debe producir energía suficiente para asentar firmemente nuestro proceso.

Tras lo anterior, sería especialmente importante chequear el cambio, es decir, como será nuestra vida cuando ya hayamos incorporado lo nuevo. Si constatamos que realmente funciona y es eso lo que queremos sólo nos quedará el último escalón.

Finalmente, tras elaborar las estrategias oportunas, lo fundamental es comenzar a andar ya, dar los primeros pasos aunque pudieran parecernos pequeños.

Además, también puede ser bastante útil comenzar a funcionar utilizando el “como sí”. Es decir, actuar “como si” ya hubieses realizado la transformación que pretendes.Los tibetanos lo llaman “poner la meta en el camino”, y se trata de que comiences a funcionar como si en estos momentos ya fueses quien quieres ser.

Tal vez no lo creas, pero seguir estos pasos conducen a la obtención de buenos resultados, mientras que quedarse pasivamente sin hacer nada respecto a lo que necesitaríamos transformar, sólo nos llevará a sufrir inútilmente.

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